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El estigma social de la depresión

   Es de conocimiento público que la depresión es un mal que afecta a una gran cantidad de personas, sin importar género o edad. Según el psicólogo clínico Noel Quintero, quien realizó una entrevista para el periódico Metro,  dijo que en un estudio reciente 473,967 adultos dijeron padecer de depresión, sin embargo, a pesar de tener cifras tan alarmantes, sigue siendo una enfermedad estigmatizada y comprendida por muy pocos.
El  estigma es una respuesta social negativa a un fenómeno que se cataloga como inferior; una actitud que claramente está presente en nuestra sociedad puertorriqueña. La depresión en la sociedad actual, es tildada para muchos, como una  “changuería” o  un pretexto para no realizar las tareas  que se nos exige. Para muchas personas, no es más que un teatro mal montado por alguien que tal vez necesita atención. Un problema clínico severo como lo es la depresión pasa a ser un símbolo de debilidad mental, cuando la realidad es que la depresión no tiene nada que ver con cuan fuerte la persona sea; es una enfermedad grave, que aunque en ocasiones pueda ser ocultada por quienes la sufren, a nivel cerebral no es tan fácil combatir los desbalances hormonales que ahí ocurren.
 Imagínate lo siguiente: estás viviendo una vida normal, sin preocupaciones mayores, rodeado o rodeada de muchos amigos y de tu familia, cuando de repente te secuestran. Tus secuestradores te colocan en una caja que no mide más de 4 pies de ancho por 4 pies de alto, oscura y solo tiene una pequeña perforación por donde pasará un poco de oxígeno que te permite respirar a medias. No puedes llegar a tu trabajo, no puedes ir a las fiestas que solías ir, no puedes comer, no puedes dormir y tus amigos no están. Puedes imaginarte la desesperación de tu familia, pero no puedes hacer mucho para regresar a ellos. Estar en esa caja impide que puedas asearte correctamente o estar presentable. Lo único que haces es llorar porque estas desesperado o desesperada por ayuda, das gritos que parecen no ser escuchados. Al ver que nadie responde a tus llamados de ayuda, comienzas a cuestionarte cuanto vales para los demás. Te preguntas si eres necesario o necesaria en este mundo y cuánto te extrañarían si te vas. Entonces, simplemente dejas de moverte, dejas de luchar. Tu cuerpo está cansado, lo que es normal, pues llevas tres largos meses dentro de esa terrible caja. Solo falta decidir si cubres la pequeña perforación de la caja que te lleva el oxígeno. ¿Desesperante, no? ¿Cómo lo sé? Porque durante muchos meses yo estuve en la caja.
Los secuestradores, son los pensamientos profundos de tristeza que te llevan a la depresión o la caja. ¿Ya no parece algo que pueda remediarse con tal solo ir a un centro comercial a comprar ropa? ¿Sigue  siendo para ti algo que la persona debe callarse y no expresarlo?
El problema de estigmatizar la depresión recae en que las personas que sufren esta enfermedad, no se atreven a hablar ni a buscar la ayuda que tanto necesitan. Muchas personas se sienten tan avergonzadas por esto, que van  donde su médico primario con estos síntomas porque prefieren que la personas piensen que tienen un virus estomacal y no un cuadro clínico de depresión. Se les hace muy difícil tener acceso al tratamiento necesario y su deterioro anímico va en acenso al no tener el apoyo necesario. Los pensamientos de baja autoestima aumentan y con ellos,  los pensamientos suicidas.
Es importante no  dejar  que el estigma se convierta en prejuicio. Muchas veces, solemos abandonar a las personas deprimidas porque ya no son tan divertidas como antes, ya no tienen el brillo que las caracterizaba o ya no transmiten las buenas vibras que solían transmitir. Entonces, si la persona no se está comportando como antes, deberíamos tomarlo como una señal de alerta de que algo está ocurriendo. Se ha comprobado que una de las mejores ayudas que puede recibir un paciente de depresión, es el apoyo social, sin embargo, por falta de educación muchos pacientes tienen que batallar con esta enfermedad solos.
Es una pena que los avances tecnológicos que nos rodean y que nos facilitan la educación, no nos provoque a avanzar socialmente. Muchas veces la inteligencia emocional no existe en vuestro diario vivir y somos rápidos a la hora de señalar y opinar. Da coraje e indignación vivir en una sociedad tan deteriorada que no permite a un hombre aceptar sus deseos de llorar o su capacidad de  sentirse triste porque eso cuestionaría su sexualidad. Mientras que en el caso de la mujer, un cuadro clínico de depresión puede ser catalogado como una conducta normal, porque la mujer se ve como un personaje débil con cambios de ánimo repentinos que se pasa la vida sollozando sin ninguna razón.  

Así como respetamos y nos unimos a los pacientes de cáncer, epilepsia o diabetes, debemos unirnos como soporte para lograr la erradicación de las estigmas que persiguen a los pacientes que padecen de depresión. Eduquémonos y eduquemos a los demás, para que podamos ser parte de la solución y no del problema.

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