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Los 6 momentos más vergonzosos de mi vida

          Orejas y rostro rojo, sudoración y ese frío particular que nos baja por la columna vertebral, son solo algunos de los síntomas que presentamos al pasar vergüenzas. Hoy te presento los 6 momentos de mi vida donde hubiera querido hacerle compañía a Jonás en el estómago del pez.

6. Demasiada emoción predicando: Hace casi 7 años, estaba predicando un día de esos en el que la iglesia se llena. El mensaje estaba siendo bien recibido, las personas estaban alabando bien alegres, ya que el tema era sobre la valentía que dios depositaba en sus hijos. Estaba diciendo algo como esto: “El señor se va a encargar de llenarte de fuerzas (y las personas gritaban amén), va a levantarte de donde tú estás (y la gente decía “yo lo creo señor”), pero tienes que hacer tu parte. Debes orar con fervor, no puedes quedarte EÑEMAO’ en una silla. De momento toda la iglesia se calló y las personas me miraban con los ojos asombrados. Entonces no fue hasta el final de la predicación, que el pastor me explicó que eñemao’ significa pene flácido o no erecto. NO VOLVÍ A PREDICAR.

5. El show de la plaza: Aun estaba en la escuela superior, cuando mis amistades y yo decidimos ir a una actividad en la plaza municipal de mi pueblo. La estábamos pasando excelente. Yo decidí comprarme un mantecado e iba muy entretenida comiéndomelo, cuando no me percaté que el piso estaba desnivelado y me di la caída del siglo frente a más o menos 100 personas. A pesar de las cientos de caídas que he sufrido en mi vida, recuerdo distintivamente esta porque caí con mis piernas y manos extendidas hacía el cielo como perro haciéndose el muerto, pero el mantecado NO sufrió ni el mínimo daño. Fue ahí cuando entendí que podía amar algo más que a mi vida: la comida.

4. Una pregunta inapropiada: En la escuela, nos tocó hacer un proyecto de investigación. Así que mi amiga y yo fuimos donde la maestra y le preguntamos sobre cual tema lo podíamos hacer. A lo que la maestra contestó que lo podíamos realizar de cualquier tema excepto de una enfermedad genética (que no voy a mencionar por respeto), porque y cito: “Fulana, la tiene.” Como soy una rubia natural, entendí que lo que quiso decir la maestra era que mi compañera, padecía de la enfermedad, así que le pregunto a mi maestra: Dito, ¿por eso es que ella tiene la cara así, como desfigurada? Mi amiga de jincha, pasó a ser morena y la maestra me miró con una combinación entre pena y desprecio y me dijo: “No Lizmar. Fulana va a presentar sobre ESA condición.”

3. Exhibicionista en el altar: Jamás olvidaré el 31 de diciembre de 2009. Había sido un año terrible y claro, tenía que cerrarlo con broche de oro. Como era fin de año en la iglesia decidieron hacer una actividad para despedir el dichoso año. A los jóvenes nos pidieron que realizáramos una pantomima. Decidimos por una que ya habíamos hecho anteriormente y pensé que nada podía salir mal. NO podía estar más lejos de la verdad. Cuando ya estábamos en el altar, me percaté que mami y abuela me hacían señas, pero nunca entendí lo que me dijeron. Al terminar la pantomima, bajé rápido hacia donde mami, quien me dijo que tenía el pantalón roto.  Cuando miro, estaba esgarrado por toda la costura del muslo, al punto de que casi se veía mi ropa interior. Estuve alrededor de dos horas encerrada en el comedor de la iglesia, evitando las miradas de pena que me daban las personas.

2. Un accidente llamado Kiary: He tenido muchas amigas en mi vida con las que he vivido muchísimas experiencias, pero con Kiary, puedo hacer una columna completa de nuestras aventuras. Por eso, ella ocupa el número 2 en la lista. Cuando estábamos en la intermedia, Kiary tenía “braces” y un diente postizo, que aun no había sido pegado a la encía y que solo lo sostenía uno de los “brackets”. Era una mañana normal en la escuela, ya nos habíamos comprado el pastelillo  de pizza del día e íbamos caminando hacia el salón, cuando Kiary muerde el pastelillo y se le tuerce completamente el diente, quedándose mellá. Imagínense a mi amiga sin un diente, con pastelillo y una coca cola en la mano, dando vueltas sobre su propio eje como una loca descontrolada, para que nadie la viera mellá. Lo que resultó ser una pésima decisión, porque obviamente llamó la atención de todo el mundo, especialmente de este chico que se acercó a ver qué pasaba y terminó comiéndose el pastelillo de Kiary. Así es, mi amiga en una de sus vueltas le empujo el pastelillo por la boca al muchacho… y el resto es historia.

1. Vacaciones en Guánica: Era el verano de 2008. Mi familia, mi ex novio y yo, nos habíamos acomodado en lo que sería nuestro apartamento por un fin de semana largo. Debo decir que nunca había pasado tantas vergüenzas en tan pocos días. Así que por eso esta anécdota ocupa el puesto número 1. El primer día tan pronto llegué, saliendo del balcón del apartamento, me enredé en mis pies y me caí de pecho y le di con la cabeza a un asiento de madera, esto frente a mi ex, a quien estaba tratando de enamorar en ese momento. Luego, esa misma noche, se me ocurrió que sería una buena idea jugar baloncesto con traje y chancletas. Como era de esperarse, caí nuevamente con las piernas pa’ arriba, con mi ropa interior de anciana al aire libre y frente a dos canchas llenas de gente. Si creen que esto cubrió la cuota, se equivocan. Al otro día, mi ex novio y yo íbamos caminando frente a la piscina del complejo y repente, él me suelta la mano y cuando me volteo a ver qué pasa, era que NO TENÍA PANTALONES PUESTOS. Sí, con todo y correa, al hombre se le habían caído los pantalones hasta el piso, mientras iba caminando. Solo recuerdo la algarabía que se formó entre los extraños que vieron lo que pasó.


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