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Una máscara llamada bullying

Hace unos días, la doctora en psicología y psicoanalista española, Lidia Ramírez, realizó la presentación del libro: Bullying: una falsa salida para los adolescentes. Asistí a la presentación como requisito a uno de los cursos que estoy tomando a nivel de maestría, pero mientras ella iba adentrándose al tema, yo me iba adentrando a los recuerdos de mis grados elementales. Dejé por unos instantes de ser estudiante de escuela graduada para volver a tener 10 años. La conferencia trajo memorias de los acosos psicológicos a los que como niña con sobre peso me vi expuesta.

Cuando estaba en la escuela, no podía entender porqué esos niños habían decidido que yo era menos que ellos y que debían recordármelo todos los días. La madurez que tenía en ese momento no me dejaba comprender que el acoso que yo vivía era el resultado de unas autoestimas degradadas en mis pares y que su actitud contra mí y contra otros niños, era solo el reflejo de su sentimiento hacia ellos mismos. Entonces, ¿a quién podemos señalar como culpable de este fenómeno?

Cuando pensamos en buscar un culpable para un evento como es el bullying, es casi imposible señalar a un solo sector de la sociedad. La Dra. Ramírez explicó que mediante las entrevistas que realizaron a padres, docentes y niños, descubrieron que la mayoría de los casos de hostigamiento “pasan a escondida de los adultos”. Un detalle altamente preocupante, pues son los adultos quienes son enteramente responsables de los niños. Esto incluye tanto a los maestros, orientadores, trabajadores sociales y directores, como a los padres, quienes tienen el trabajo más importante: prevenir.

Como anteriormente mencioné, los niños y jóvenes que llevan a cabo este tipo de conducta, son en su gran mayoría, personas que no están felices con su autoimagen. Estos jóvenes no se aceptan a ellos o a su realidad, y deciden embestir contra sus compañeros, que no tienen la culpa. Así que deciden esconderse tras una máscara de crueldad. Es sumamente importante que los padres tomen conciencia a la hora de elegir el método de crianza que utilizarán con sus hijos. Hay que recordar que los padres son el primer círculo social al que se exponen los niños y que este debe ser uno saludable psicológicamente y que además, le provea un concepto de autoaceptación sólido.

Un detalle importante que ayuda a perpetuar el bullying en nuestras escuelas, es el desinterés de las mismas en atenderlo, según la Dra. Ramírez. Aunque el libro es basado en las circunstancias sociales de España, es un escrito que bien puede ser aplicado a nuestra sociedad puertorriqueña. En ocasiones, no tan solo los maestros se hacen de la vista larga ante situaciones de bullying, sino que son partícipes de éste. Recuerdo una vez, cuando estaba en la escuela intermedia, una de mis compañeras dijo algo jocoso, para nada ofensivo, que nos causó mucha risa.  La respuesta de la maestra fue: “el bufón que hace los chistes y las payasas que se ríen de él”. Obviamente eso dio paso a que el resto del grupo nos viera como objeto de burla.

El bullying es un ciclo que tiende a expandirse con mucha facilidad y en muchos casos las víctimas de acoso pasan a ser victimarios. Existen varias razones por las cuales las victimas deciden guardar silencio y actuar de manera negativa. Una de las razones es la mala comunicación que existe entre las escuelas y los padres. Muchas veces la escuela no informa a los padres lo que está sucediendo o de igual manera los padres no le hacen saber a la escuela que su niño o niña es víctima de acoso escolar. Otra razón es la vergüenza que sienten las víctimas. Estas no se atreven a comunicar lo que están pasando y deciden sufrir en silencio, hasta que logran convertirse en  acosadores escolares. Una razón importante por la cual es difícil erradicar el bullying de nuestras escuelas es que este comportamiento está arraigado a nuestra cultura. Yo recuerdo escuchar a los padres y maestros decir: “eso es cosa de muchachos y en las cosas de muchachos uno no se mete”. Se equivocan, en muchas ocasiones intervenir a tiempo puede redirigir una vida.

¿Qué podemos hacer ante esta situación? La Dra. Ramírez mencionó que en algunas escuelas en Europa, diseñaron un programa de tutores, donde los estudiantes mayores son quienes guían a los de nuevo ingreso desde el inicio de las clases. Creo que eso sería un método extraordinario que puede implementarse en nuestras escuelas. Sabemos que por lo general, son los estudiantes mayores los que acosan a los más pequeños. Entiendo que se deben implementar talleres y actividades en los currículos educativos donde se refuerce la armonía entre la convivencia de los estudiantes desde nivel elemental, junto a un sistema reglamentario de CERO TOLERANCIA al acoso escolar.

Pensar que el bullying puede erradicarse completamente, es una idea un tanto utópica, pues este fenómeno es solo uno de los muchos síntomas de una sociedad enfermiza, pero debemos luchar por enfatizar la tolerancia en los jóvenes. Como dijo Walt Whitman: “Cuando conozco a alguien no me importa si es blanco, negro, judío o musulmán. Me basta con saber que es un ser humano.”



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