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Soy la Mujer del Mal Ejemplo

¿Cómo  debe ser una mujer en el siglo 21? Es la interrogante que todas las mujeres, sin miedo a generalizar, nos hemos hecho de una manera u otra. Al encontrarnos sumergidas entre tantas tendencias y entre tantos ideales de la feminidad, se nos hace ridículamente complejo crear un molde de la mujer ideal. Seguimos reglas machistas en cuanto a la sexualidad y roles domésticos, llevamos dietas absurdas, compramos ropa inconcebiblemente incomoda  y contraemos matrimonio ante de los treinta, aunque sea sin  amor, porque una mujer soltera da mucho de qué hablar.

Fui cristiana practicante por muchos años por dos razones. La primera y más importante: la amenaza contundente de una madre que había jurado castigarme y darme con una chancleta si no asistía regularmente a la iglesia y la segunda: me había convertido en parte de algo.  Así que como parte de la participación en la iglesia, debía moldear mi personalidad acorde a los requerimientos de la doctrina que practicaba (cosa que nunca fue posible, debo decir), pero de cierta manera me resguardé detrás de una pantalla. La realidad es que me esforzaba grandemente por obedecer las reglas sin sentido y seguir la idea del pensamiento machista de una mujer sometida a un hombre. Durante el tiempo que estuve en la iglesia, no hubo una parte de mi humanidad que creciera. El deber siempre estuvo antes del querer.

Luego de oficialmente aceptar que la iglesia y las creencias religiosas  no iban a ser parte de mi vida, ocurrió una revolución en mi familia y en mis amistades cercanas. Estoy segura de que abuela ha hecho algunos ayunos de 40 días a mi nombre y que hay par de rodillas peladas en la iglesia por mí, pero lo que más me llama la atención es como se han expresado de mí. Ahora, según esas personas que besaban mi mejilla, soy una mujer sin norte que anda caminando sin rumbo por la vida. Me han dicho que soy muy loca para tenerme como amiga y que soy cafre por disfrutar el ritmo de la música popular, pero nada me dolió tanto como cuando me enteré que hay madres que aconsejan a sus hijos varones a guardar distancia de mi. Ese día lloré con el sentimiento con el que un niño perdido en el supermercado llora.

La realidad es que mis gustos no han cambiado en casi nada. Sigo siendo la misma mujer que puede disfrutar tanto un concierto de música clásica y ópera, como uno de un perreo intenso de Plan B o uno de Fall Out Boy. Me gusta el vino, la cerveza y bailar salsa. Sigo teniendo la misma boca expresiva que cuando se da con el marco de la puerta al pasar grita “carajo”, cuando algo me encanta digo que está “cabrón” y si mi equipo gana grito “puñeta”.  La única diferencia es que ahora lo hago sin esconderme.

Luego de varias semanas de introspección y auto análisis, me he dado cuenta porqué soy mal ejemplo. Si estas a mi lado, viviremos día a día con pasión, tratando de llenarnos de experiencias nuevas. He creado un manual que nunca deja de escribirse sobre cómo manejar la vida. Estoy en contra de la mayoría de lo que me dicta la sociedad. Te voy a impulsar a aprender y a cuestionar todo y aunque utilizaremos mucho la razón, te mostraré como rendirte ante los sentimientos. Bailaremos sin música y le gritaremos al televisor en una noche de boxeo. Romperé esos esquemas longevos de pensamientos inculcados por ideas vacías y te ayudaré a construir nuevos.  Podrás ver que no siempre la igualdad es justicia y que cometer errores es el mejor sistema de enseñanza.

Sinceramente, hoy he llorado también, de hecho mientras escribo estas palabras estoy sollozando, pero esta vez es de alegría y de mucha satisfacción. Soy feliz, se el gran valor que tengo como mujer y he encontrado una causa que me llena el alma. Entre lágrimas de alegría, vivo orgullosa de ser la mujer del mal ejemplo.



Comentarios

  1. Me encanta lo que escribes siempre entro a tu Blog aunque nunca hago comments pero sigue así está genial este y todos los anteriores

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    1. Muchas gracias, Awanda. Me encanta saber que me lees.

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