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Aquí esta papá, pero ¿y el Departamento dónde está?



Hace unos días, andan circulando una serie de noticas vinculadas a un caso de maltrato de menores que ocurrió en Carolina, en donde encontraron que un niño de 6 años estaba desnutrido y con quemaduras en su cuerpo. Además del evidente abuso, algo que me causa indignación y coraje, es el hecho de que el padre biológico del menor alega que lleva alrededor de un año pidiendo a las autoridades pertinentes que le ayuden a ver a sus hijos y no habían podido ni localizar a los menores.  Luego del caso ser denunciado por parte de la escuela, entonces el Departamento emitió el siguiente comentario: “un suceso como este siempre es lamentable, MÁS AUN CUANDO LOS PADRES DEBEN ESTAR AL PENDIENTE DE SUS HIJOS.” Esa cita hace eco en mi cabeza y crea ciertas interrogantes a las que no les encuentro respuesta, pero luego de ver los videos en los que el padre de este niño le dice “papá está aquí”, llego a la conclusión de que si ya papá está al pendiente, haciendo lo más que puede, en el Departamento son tan negligentes como el guardián en custodia de ese menor. 


Aunque muchos puedan estar en desacuerdo con lo que voy a escribir ahora, es una realidad que no todas las mujeres que dan a luz automáticamente son madres. Ser madre o padre, va más allá de compartir una genética, para ganarte ese título debes tener un compromiso verdadero con ese niño o niña y por fuerte que se escuche hay mujeres a las que se le debe secar el vientre. Lamentablemente, nuestra cultura machista promueve que la mujer es la que debe tener el trabajo de cuidar a los hijos y que por ende nace siendo calificada para este trabajo. Por muy arcaica que parezca esta idea, ha llegado a hacer un impacto en las decisiones de los jueces y demás encargados que trabajan con los casos de la custodia de los menores. Para 2012-2013, según las cifras oficiales del Departamento de la Familia, de los 10,540 victimarios, 6,173 fueron las madres de los menores.

Obviamente, no es la primera ocasión en la que ocurre un incidente tan terrible como este. Una historia tan o más triste que esta, una vez tocó muy cerca a mi familia. Este hombre al divorciarse de quien era su esposa, pidió la custodia de sus hijos a la jueza, quien se la negó y se la otorgó a la mujer. Yo no voy a entrar en detalles sobre lo que estos niños sufrieron, pues lo encuentro un tanto morboso e innecesario, pero puedo mencionar que no hubo tipo de maltrato a la que ellos no se enfrentaron. Aun después de las acusaciones con el Departamento de la Familia, las investigaciones no seguían. ¿Por qué? Si el maltrato era real. Las heridas físicas y psicológicas eran tan evidentes y aun así, no fue hasta que ellos llegaron a casi la mayoría de edad que fueron removidos de su casa. Le ofrecieron custodia al padre biológico cuando ya esos niños se habían convertido en seres humanos marcados por la vida, enfermos de dolor, personas rotas. En ambos casos papá dijo que estaba listo para hacerse cargo de los hijos, cuando se podían evitar las tragedias. ¿Qué pasó? Negligencia, falta de compromiso o una agenda saturada… ¿Cuál sería la excusa? ¿Cuál será la excusa para que dejen niños y niñas en manos negligentes, en manos llenas de maldad, en manos que lo único que buscan es hacer cicatrices en el corazón?

Ni hablemos de los vecinos y familiares que se hacen de la vista larga y no denuncian los abusos evidentes. Mis respetos para la persona que en el caso del estudiante Carolina habló. Déjeme decirle que si usted sabe o al menos sospecha que un niño está siendo abusado de alguna manera y decide callar, es tan culpable como el que lleva a cabo el maltrato. Ven a un perrito agolpeado o atropellado en la calle y quieren hacer una marcha, una niña de 9 años es explotada sexualmente por su padrastro y su tío y responden con un “¡ay bendito, que lamentable!”. No quiero que me mal interpreten, todas las causas necesitan defensores, pero no nos hagamos los mas empáticos cuando dormimos bien tranquilos en las noches, sabiendo que al vecinito que vive dos casas más abajo, le queman los pies con una sartén.


Para el año 2013, hubo 7,847 víctimas de maltrato en Puerto Rico. En este número no se encuentran registrados los casos referidos o querellas, sino que este número es de los incidentes en los cuales se han podido encontrar evidencia suficiente para una determinación oficial de maltrato. Leo esa cifra y se alarma no tan solo mi corazón, sino mi sentido común. ¿Qué demonios estamos haciendo como pueblo para proteger a nuestros niños y adolescentes? La creación de leyes es solamente una parte del trabajo y solo sirven para trabajar con el problema cuando ya existe. Debemos trabajar con la prevención y esto es labor de todos, amas de casa, mecánicos, maestros, agricultores, plomeros, médicos, pero muy en especial de los trabajadores sociales y de los psicólogos. Tal vez no puedas ser un conferenciante que lleva adiestramientos o talleres a adultos, pero  puedes comenzar por abrazar a un niño, puedes decirle que esperas grandes cosas de él o ella, porque sabes que puede hacerlo, queréllate si vez alguna señal de maltrato o sirve como voluntario en hogares de niños removidos de sus casas.

Tal vez en estos tiempos retantes en los que vivimos podamos perder recursos económicos o naturales, pero no dejemos perder el recurso más valioso que tenemos: el humano, a nosotros mismos. El abandonar a los niños a una crianza negligente y esperar que sean hombres y mujeres felices, saludables y realizados, es como no regar la siembra y esperar frutos.  

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